
INTRODUCCIÓN
En 1843, Victor Hugo, maravillado por el entonces pequeño pueblo de pescadores, evocó ya el riesgo de que el lugar se convirtiese en un balneario y perdiese su esencia. Así lo describió: “un pueblo blanco de tejados rojos y postigos verdes edificado sobre montículos de césped, frente al bravío Océano Atlántico”. Fue una premonición.
Biarritz, capricho imperial, la reina de las playas y la playa de los reyes; Biarritz, ciudad museo, que combina a la perfección el legado del pasado con las influencias contemporáneas. De gran riqueza cultural, marcada para siempre por el paso de Napoleón III y la granadina Eugenia de Montijo, quien se enamoró de este lugar cuando tenía tan solo 9 años, durante sus vacaciones en estos parajes con su madre y su hermana. En 1953, contrajo matrimonio con Napoleón III y fijaron, como lugar vacacional, Biarritz, donde mandaron construir Villa Eugénie, fastuosa residencia hoy convertida en el Hotel du Palais. Eugenia de Montijo hizo de Biarritz un punto de encuentro de la flor y nata internacional, atrayendo desde la realeza, aristócratas, políticos, hasta artistas y escritores de renombre.
Biarritz es también a cuna del surf en Francia: en 1956 aparecen los primeros surferos de la Costa Vasca, concretamente, durante el rodaje de la película “Fiesta”, adaptación de la afamada novela de Hemingway, con los actores californianos Dick Zanuck et Peter Viertel. Son precisamente ellos quienes lo introducen en Biarritz, trayendo desde Califormia una tabla de surf, algo nunca visto por los franceses en aquella época. A partir de aquel momento, los adeptos de este deporte nunca dejaron de crecer, convirtiendo a Biarritz, en una referencia mundial del surf.
Ciudad cosmopolita y elegante, de enero a diciembre vive a ritmo de festivales, ballets, eventos culturales y deportivos. Tranquila en invierno y muy animada en períodos estivales. Vinculada al mundo del surf y muy apreciada por su excelente calidad de vida, recibe numerosos visitantes de los cinco continentes.


EL FARO
“En el faro de Biarritz se puede observar el mayor oleaje del mundo”, decía Henry Russell, pionero en explorar los Pirineos.
Situado a 20 minutos a pie del centro de Biarritz, merece la pena subir hasta la punta de este faro del siglo XIX para disfrutar de las vistas panorámicas de Biarritz y la maravillosa costa vasca, relajarse en el parque que se encuentra a su alrededor y disfrutar de unas pintorescas caminatas por la costa.
Obra del ingeniero Philippe Vionnois, el faro encalado de 73 metros sobre el nivel del mar data de 1834. En la parte inferior figura la fecha de 1831, fecha en que comenzó su construcción; arriba, se observa la fecha 1832, fin de la obra. Fue inaugurado en 1834. Se erige sobre el cabo Hainsart, el punto divisorio entre la costa arenosa landesa y la costa vasca rocosa de Francia.
La escalera en espiral tiene de 248 escalones. Desde lo alto se puede disfrutar de unas vistas espectaculares. Hacia el norte, la costa dorada landesa y hacia el sur, las playas de la costa vasca. Se podrán observar a los surfistas en las olas encrespadas y admirar la Roca de la Virgen. Si hace sol, observe los escarpados picos distantes de los Pirineos.
El faro está rodeado por un parque con hileras de árboles. Siéntese en un banco de madera y contemple las aguas azules del golfo de Vizcaya. Encontrará binoculares que funcionan con monedas para disfrutar de una vista cercana de la Grande Plage (Gran Playa) y la Roca de la Virgen.
Se aconseja realizar esta visita al atardecer para observar las espectaculares puestas de sol.

VILLA EUGÉNIE
HÒTEL DU PALAIS
En 1855, Napoleón III mandó construir para su esposa Eugenia de Montijo, una residencia vacacional en Biarritz: Villa Eugénie. Dicha residencia, de estilo segundo imperio, ocupaba el lugar del actual Hôtel du Palais. Durante una década este lugar vió pasar al gotha internacional: la reina Isabel de España, el rey de Wurtemberg, Leopoldo II de Bélgica, el Príncipe Jérôme Bonaparte, el príncipe Albrecht de Baviera, el príncipe Walewski, los príncipes de Metternich, el Canciller Bismarck, los escritores Prosper Mérimée y Octave Feuillet. Bailes, fuegos artificiales, escapadas campestres, eran sus principales ocupaciones, además de los encuentros diplomáticos.
En 1873, tras la muerte de su esposo, la villa quedó propiedad de la emperatriz. En 1881, la emperatriz vendió la villa a la Banque de l’Union Parisienne que transformó la residencia en hotel-casino, el « Palais-Biarritz », y más tarde, en 1893, en hotel.
El 1 de febrero de 1903, un terrible incendio devastó el edificio. El emblemático inmueble de Biarritz fue entonces reconstruido y ampliado, bajo la dirección de dos arquitectos, Dourgnon y Niermans, preservando el estilo neo Luis XIII y el plano de origen en forma de “E”, que corresponde al nombre de la emperatriz Eugénie. En el interior, las pinturas murales son obra de Paul Gervais.
Desde 1905, fecha en que finalizó su reconstrucción, el Hôtel du Palais no ha cesado nunca de recibir clientela internacional, personalidades del mundo político, económico y artístico. En 1922 tuvo lugar el “Baile Segundo Imperio”, presidido por Alfonso XIII y el Shah de Persia, que reavivó la magnificencia del pasado. La reputación de Biarritz, y su clima suave, continuó atrayendo gente de la élite europea: el Príncipe de Gales, la reina Victoria, el rey de Suecia…
El hotel tiene unas vistas impresionantes sobre el mar, dispone de amplias habitaciones, dos restaurantes, un lujoso spa, una piscina exterior y un pequeño campo de golf.
Hoy día, este establecimiento forma parte de los pocos palaces de Francia (8), y el único de la Costa Atlántica francesa. Se trata de una prestigiosa distinción otorgada por el Ministro de Turismo.

IGLESIA ORTODOXA
La iglesia ortodoxa San Alejandro de la Neva, se sitúa justo detrás del Hotel du Palais, otro de los lugares emblemáticos de esta ciudad. Es la tercera iglesia ortodoxa de Francia después de la de Niza (1860) y París (1861).
Esta iglesia provista de una gran cúpula fue construida en el año 1892 bajo el liderazgo de la comunidad rusa de Biarritz y el imperio del Zar Alejandro III.
La conexión entre Biarritz y Rusia se remonta a los tiempos de la emperatriz Eugeniade Montijo, esposa de Napoleon III, quien invitaba a la nobleza rusa a pasar los veranos en dicha localidad. Tal fue la influencia de visitantes adinerados de dicha nacionalidad, que los mismos ayudaron a la propia Biarritz a convertirse en lo que es hoy en día.
No es de extrañar que la comunidad rusa deseara tener un espacio de culto en Biarritz, lugar elegido para pasar los meses de septiembre a noviembre. En 1870, tras el hundimiento de Napoleón III, el nuevo gobierno republicano anticlerical se opuso a la petición de construir una iglesia. Es por ello que provisionalmente, en 1887 disponían de una capilla en el antiguo palacio imperial, Villa Eugenia, que tras ser vendido, se convirtió, primero en hotel-casino y luego en el Hotel du Palais. Muy pronto la capilla se hizo pequeña y se tomaron las medidas necesarias para la construcción de la iglesia actual, con la necesaria autorización del Zar Alejandro III.
Este lugar de culto ha visto pasar a María Feodorovna, madre de Nicolas II, quien acudía a menudo a la iglesia, al rey Alejandro de Serbia, quien fue recibido según dicta la tradición rusa, con el pan y la sal. También se celebró un servicio fúnebre para la emperatriz de Austria asesinada, Sissi, en el cual todas las damas de la asistencia, vistieron de blanco. Grandes ceremonias se llevaron a cabo en este lugar, con personajes de la aristocracia rusa como principales protagonistas.
Está construida en estilo bizantino, con sus tres partes en forma de cruz y coronada por su impresionante cúpula pintada de azul. Los iconos religiosos fueron traídos desde San Petersburgo, destacan el Santo Alejandro de la Neva, patrono de la iglesia y el Santo Nicolás. Hoy en día este lugar de culto sigue siendo utilizado y en él se celebran las principales festividades religiosas de la iglesia ortodoxa.

CAPILLA IMPERIAL
La capilla imperial, auténtica reliquia de la era imperial, fue construida en 1864 por el arquitecto Emile Boeswillwald, a petición de Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, quien ansiaba tener un lugar de culto cerca de su residencia.
Está situada no lejos del actual Hotel du Palais, antiguamente Villa Eugénie. En cierta manera, se encuentra escondida en un pequeño “jardín secreto”. Resulta poco conocida, incluso para los propios biarrotas, a pesar de ser reconocida como monumento histórico en 1981.
Tiene muchísimo encanto, destaca por su arquitectura que mezcla el estilo bizantino-romano y el estilo hispano-moresco. Está dedicada a la virgen negra mexicana Nuestra Señora de Guadalupe, como recuerdo de la segunda intervención francesa en México, conducida por Napoleón III.
En ella podemos remontar en el tiempo y descubrir el Biarritz del Segundo Imperio.
Si nos fijamos en su fachada, de ladrillo, aún se pueden ver impactos de bala, recuerdo de la última guerra.
El escritor Prosper Mérimée, consejero político de Napoleón III y confidente de la emperatriz Eugenia de Montijo, supervisó el decorado interior. Se compone de una única nave, precedida por un pequeño porche, terminada por un ábside semicircular.
El interior, destaca por la mezcla de diferentes estilos y materiales: el suelo, de gran originalidad, con sus magníficas pinturas florales. También destacan los azulejos pintados a mano en las partes inferiores de las paredes, y las decoraciones florales. Precioso techo artesonado elegantemente decorado, de colores rojo, azul, blanco y dorado, y originales medallones esmaltados.
La pintura de la Virgen de Guadalupe, obra de Steinheil, en la bóveda completan este exótico decorado.
Las visitas se realizan únicamente en fin de semana. Se celebran 4 mesas al año:
El 9 de enero, aniversario de la muerte de Napoleón III
El 1 de junio, aniversario de la muerte del príncipe imperial
El 11 de julio, aniversario de la muerte de la emperatriz Eugenia de Montijo
El 12 de diciembre, fiesta Nuestra Señora de Guadalupe.

CASINO MUNICIPAL
GRANDE PLAGE
El Casino municipal está situado a medio camino entre el Hotel du Palais y la Iglesia Ste Eugénie, justo delante de la Grande Plage, que por su ubicación, atrae tanto a turistas como a surfistas experimentados y principiantes.
A finales del siglo XIX, dada la notoriedad del casino Bellevue, situado en place Bellevue, la municipalidad decidió crear un casino municipal propio.
En 1893 la municipalidad seleccionó el mejor proyecto y el lugar escogido para su construcción fue el espacio ocupado por los Baños Napoleón, edificio de estilo morisco obra del arquitecto Bertrand. Quedó inaugurado en 1901, tras sucesivos obstáculos financieros: la sociedad de baños de mar quebró y hubo que buscar otro concesionario (fue el casino municipal de Aix-les-Bains).
Durante el período entreguerras, con la muerte del propietario de los dos casinos de la ciudad, la municipalidad tuvo la oportunidad de reconstruir el casino municipal al estilo años veinte. El encargado del proyecto fue Alfred Laulhé, también al cargo de la remodelación del Casino Bellevue. El nuevo edificio, estilo Art Decó, estaba dotado de un teatro, una piscina, salas de juego, salones de recepción y una galería exterior.
La crisis de los años 30, la transformación del casino en cárcel en 1941 y la instalación de Universidad Americana de Biarritz a final de la guerra, acabó con las actividades del juego propias del casino. Cerró definitivamente sus puertas en 1983 y pronto surgió la cuestión de su conservación.
En 1992 el edificio fue clasificado como monumento histórico, lo cual abrió nuevas perspectivas. Se iniciaron diversas remodelaciones y el casino volvió a abrise al público en 1994.
Hoy en día el casino está gestionado por el grupo Lucien Barrière, y se ha convertido en uno de los lugares emblemáticos de la ciudad.

IGLESIA SAINTE EUGENIE
Situada en la colina que domina el Port Vieux, la capilla Nuestra Señora de la Piedad, de estilo romano-bizantino, inaugurada en 1856, ocupaba el lugar de la actual iglesia Sainte Eugénie. Debido a su reducido tamaño y vetustez, la capilla fue sustituida por la iglesia que conocemos hoy en día. Su nombre hace referencia a Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III.
Durante más de 30 años, esta capilla subvenía a las necesidades del culto y la familia imperial acudía a la misa dominical hasta 1864 fecha en que se creó la Capilla Imperial, más cerca de su lugar de residencia.
En 1884 el abad Gaston Larre decidió derribar la capilla para construir una nueva iglesia, de mayores proporciones. De estilo neo gótico, fue construida entre 1898 y 1903 y es obra del arquitecto Lacombe.
Mide 44 metros de largo por 23 de ancho. El plano converge hacia el altar y el tabernáculo. Una procesión de santos ornamentan las paredes que conducen hacia el altar. Destacan las flores de lis, motivo ornamental omnipresente, símbolo mariano relacionado con la consagración de la iglesia a la Virgen María y a Santa Eugenia.
También destaca el exvoto, una maqueta de barco velero, “La Mathilde” que cuelga de la nave central.
El órgano se encuentra justo encima de la puerta principal de acceso, ha sido orgullo durante años de la iglesia, ya que en 1903 obtuvo el primer premio de honor, el máximo otorgado, en la exposición universal de París en 1900.
En el exterior, el tímpano de la puerta principal representa a los diferentes santos protectores de la ciudad, en el centro, Nuestra Señora del Socorro (en conmemoración de la antigua capilla de pescadores), con el niño Jesús sobre sus rodillas; a su derecha, San Martín, patrono de Biarritz, el arcángel San Gabriel y a su izquierda, Santa Eugenia con su espada de mártir y el arcángel San Miguel.
Nada más entrar, a la derecha, se encuentra la estatua de Nuestra Sra del Monte Carmelo, las benditeras, enormes conchas, provienen de Manila.
La construcción del campanario comenzó en 1927 y las campanas se colocaron en 1931.
Las vidrieras son excepcionales, y son obra de Luc-Olivier Merson.
En la cripta, cuyos pilares se encuentran incrustados sobre la roca a una profundidad de 10 a 17 metros, se encuentra la tumba del padre Gaston Larre, primer cura de la parroquia en 1884, quien decidió modificar la pequeña capilla de origen. Hoy en día se utiliza este espacio como sala de exposiciones de arte.

PORT DES PÊCHEURS
Antes que nada es necesario aclarar que lo que hoy conocemos como playa de Port Vieux era antiguamente el puerto de Biarritz, que debido a su estrechez e incomodidad, a finales del siglo 18 (1780) se trasladó al actual Port des Pêcheurs, debajo de la Plaza Santa Eugenia.
Con la ayuda financiera de Napoleón III, el nuevo puerto de pescadores, al pie de la explanada de la Atalaya, comienza a ampliarse. 1858 se construyó un dique de 30 metros de longitud, que fue destruido por los fuertes oleajes. En 1865 se inauguró el nuevo puerto, al mismo tiempo que la Roca de la Virgen. En 1881 se construyó un dique suplementario (Gamaritz, llamado la Cafetière, que en su día albergó un mareógrafo, desaparecido en 1990 en una noche de tempestad), con canal de acceso al puerto. El proyecto de ampliación del puerto del emperador nunca vió la luz, tras repetidos destrozos por oleajes y el fin de la actividad de la pesca. A principios del siglo 20 había cerca de 300 pescadores, y en los años 50, quedaban sólo una treintena.
Hoy en día en el puerto hay algunas embarcaciones de ocio y pequeños pesqueros amateurs. La restauración y el turismo ocupan un lugar importante en este lugar. Hay unas 50 cabañas de pescadores, construidas en su origen para almacenar el material de pesca. Al contraste con las suntuosas villas de Biarritz, estas pequeñas cabañas blancas pintorescas, con puertas de madera y persianas coloridas, llamadas “crampottes” pertenecen a la Municipalidad de Biarritz. Se alquilan únicamente a los residentes de la ciudad propietarios de un atracadero, privilegio por el cual hay que esperar hasta diez años.
Es además un lugar muy querido por los biarrotas, alejado de la agitación del centro y con mucho encanto. Para muchos es además un lugar de recuerdos y momentos agradables.
Pasear por el dique de este pintoresco puerto, respirar la brisa marina y escuchar el sonido del mar resulta muy agradable en este lugar.
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MUSEO DEL MAR
En 1883, el Marqués de Folin, capitán del puerto de bayona, declaró la necesidad de crear un laboratorio de zoología marina en la Costa vasca. De esta idea surgió el Aquarium de Biarritz, uno de los primeros establecimientos franceses donde se habló de oceanografía a un público apasionado por el fascinante mundo de los océanos. El proyecto no pudo hacerse realidad hasta el fin de la Primera Guerra Mundial: en 1923 la municipalidad dio luz verde al proyecto.
André Giret, entonces administrador de Reclutamiento de Marina de Bayona, propone instalarlo en el edifico de los almacenes municipales, cerca de la Roca de la Virgen, sobre los acantilados del Alto de la Atalaya. En 1930, el ayuntamiento se muestra de acuerdo y convoca el concurso arquitectónico, que ganan los arquitectos Hiriart, Lafaye y Lacoureyre.
El edificio Art déco que acoge el Aquarium de Biarritz abre sus puertas al público el 10 de agosto de 1933. El Aquarium es un edificio moderno tanto en su arquitectura como en su decoración y acondicionamiento. Dos años después, el 7 de julio de 1935 se inauguró oficialmente.
Desde su creación, el Aquarium de Biarritz se ha orientado principalmente a todo lo referente al golfo de Vizcaya. Su objetivo primordial es mostrar el océano en todas sus formas : los fondos marinos, el papel del mar en la formación de los continentes, las poblaciones acuáticas, así como la exploración y explotación de estos espacios.
En 1992, una importante renovación permitió dotar al Aquarium de Biarritz de modernos equipamientos acuariológicos y museográficos a la vez que ha conservado su originalidad arquitectónica interior y exterior.
En 2008, El Ayuntamiento de Biarritz pone en marcha el proyecto Biarritz Océan, que engloba la ampliación del Aquarium y la construcción del la Cité del Océano.
En 2011, La ampliación del Aquarium de Biarritz abre sus puertas y propone a los visitantes un recorrido más profundo : remontar la corriente del Gulf Stream, el Mar Caribe, la zona Indo-Pacífica...Una museografía remodelada, el doble de superficie (de 3500 m2 a 7000 m2), acuarios suplementarios, uno de los estanques más grandes de Francia (1500 m3), una laguna caribeña, un estanque táctil...
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ROCA DE LA VIRGEN
Situada entre la cala Port Vieux y el Puerto de Pescadores, el Rocher de la Vierge, o Roca de la Virgen, es uno de los monumentos emblemáticos de Biarritz, una curiosidad de la naturaleza en forma de casco de embarcación, una gran roca dominada por la estatua de la virgen. Es una de las mejores atalayas para contemplar la bahía de Biarritz, las costas vascas y los Pirineos a lo lejos.
Napoleón III ordenó remodelar la roca y realizar un puerto-refugio y un dique de seguridad. En 1865, con el fin de unir la roca (denominada le Curculon) al continente, se construyó una pasarela de madera de 76 metros; dos años más tarde, se colocaron una serie de cruces y la virgen (procedente de los talleres Ducel et Fils de Burdeos), que fue bendecida por el párroco de Biarritz el 11 de junio de ese mismo año. Tras sucesivas tempestades, y en concreto la de 1876 cuando la pasarela desapareció por el fuerte oleaje, tuvo que reconstruirse en 1886, esta vez, en metal, y diseñada NO por Gustave Eiffel, sino por los talleres Société Schryver et Cie d’Hautmont. Fue la reina Victoria quien estrenó la pasarela en coche de caballos, convirtiéndose así, en su paseo de predilección.
En 1904, la oxidación fragilizó la estructura y la hizo peligrosa. Por ello, el consejo municipal encargó un proyecto más ambicioso que nunca vió la luz a falta de fondos. La pasarela fue de nuevo construida de manera idéntica.
En 1938 la Société Pinçon se encarga de su total demolición: el nuevo puente se dotó de un tablero y de una barandilla de hormigón armado. Al cabo de 50 años, de nuevo el puente presenta deficiencias: en 1988, la empresa Socotec reemplaza algunas piezas. La pasarela actual data de 1990 y es obra de la empresa Baudin et Châteauneuf.
Se cuenta que desde 1865, la Virgen conmemora el retorno milagroso a tierra de unos balleneros biarrotas, atrapados en una tremenda tempestad.
A pesar de que estaban cerca de la costa, no conseguían alcanzar el Port Vieux de Biarritz, y ven llegar su muerte…En plena desesperación, una luz cegadora los sorprende, la siguen y logran, en su mayoría, alcanzar tierra firme.
Hoy en día, pasear por este lugar es un ritual para los biarrotas, y una visita obligada para los turistas.

PORT VIEUX
Antes que nada es necesario aclarar que lo que hoy conocemos como playa de Port Vieux era antiguamente el puerto de Biarritz, que debido a su estrechez e incomodidad, a finales del siglo 18 (1780) se trasladó al actual Port des Pêcheurs, debajo de la Plaza Santa Eugenia.
Existe un antes y un después del Port Vieux, marcados por la era imperial y la llegada de Napoleón III y Eugenia de Montijo a Biarritz, ciudad elegida para sus vacaciones, por su clima templado y los baños de mar vivificantes.
En 1152, las alianzas reales y eclesiásticas protegían el puerto. En 1342, el castillo Ferragus, compuesto por unos muros de piedra, con cuatro torres y un puente levadizo, situado en el emplazamiento actual del Museo del Mar, era el punto desde donde se vigilaba el puerto. Desde aquí se protegía el puerto de las amenazas de los corsarios venidos de Argelia y Túnez, que asolaban las costas gasconas, llevándose a sus habitantes para venderlos como esclavos.
En sus inicios se desarrollaban actividades relacionadas con la pesca, principalmente, la ballena. Día y noche, desde la Atalaya, se escrutaba el horizonte en busca del chorro de agua de las ballenas. No había en aquella época, ninguna instalación portuaria: las barcas quedaban atracadas sobre la arena y se arrastraban las ballenas en marea alta hasta la orilla; en marea baja, se despiezaban y preparaban. Esta actividad cesó en su totalidad en 1690.
Tras el cese de esta actividad, que supuso una importante fuente de ingresos, decidieron alistarse como corsarios, marineros en busca de aventura y de carácter emprendedor.
Según la leyenda, el espíritu y la sangre de las ballenas, junto con el coraje y la locura de los corsarios permanece en las aguas y los habitantes del puerto, así como
las “sorginas”, o brujas. Se dice que se transformaban en olas, persiguiendo a los marineros, los hechizaban con sus preparados diabólicos, y provocaban tempestades.
Más tarde, en 1784 los baños de mar en Biarritz se ponen de moda.
En esta misma fecha se planteaba la idea de instalar unas garitas o cabinas para que los veraneantes extranjeros pudieran cambiarse con discreción.
Grandes damas con largos blusones, pantalones de lana y sombreros de paja se mezclaban con banqueros y armadores en la pequeña cala de Port Vieux. Los establecimientos de baño fueron destruidos en 1944 durante la guerra. Fueron reconstruidos en 1952 gracias a la colaboración de arquitectos locales.

VILLA BELTZA
Villa Belza, por su ubicación en La Cote des Basques, sobre un saliente de roca que es visible, hacia el sur, desde toda la costa, es la imagen con más fuerza de la ciudad.
La historia de Villa Belza comenzó en 1825, cuando un agricultor llamado Dominique Daguerre, y a través de un intercambio con el municipio, se hizo con la propiedad de un campo que se encontraba sobre una rocas en las faldas de la Atalaya. Aquel era un terreno sin valor, salvo por el uso que le daban los habitantes de Biarritz, que acudían a él a pescar desde sus rocas o a pasear. El terreno, conocido como el “campo de los ruiseñores”, fue pasando de propietarios hasta que en 1882 lo adquirió Ange du Fresnay, gerente de la compañía de seguros Phoenix en París.
Las obras de construcción de la villa se iniciaron en 1889, dirigidas por el arquitecto Alphonse Bertrand, y terminaron en 1895. La casa era un regalo de du Fresnay a su mujer, Belza. Su emplazamiento, en su día un tanto alejado del núcleo de la ciudad y que parece adentrarse en el mar, unido con sus miradores de aspecto transilvano y los tejados de pizarra que recuerdan a la mazmorra de un castillo medieval, le dieron a la villa un cierto misterio, lo que unido a su nombre Belza, (en euskera “beltza” significa “negro”), ayudó a crear entorno a ella numerosas leyendas protagonizadas por el misterio que la vinculaban con la brujería e historias de fantasmas.
En 1923, du Fresnay alquiló la casa a Gregory Beliankine, cuñado de Igor Stravinsky, quién abre en la villa un restaurante ruso, aunque el nombre que le puso no lo pareciese: “el Castillo Vasco”. El restaurante tenía como principales clientes a los miembros de la realeza y burguesía rusa que veraneaban en Biarritz, pero también a otros miembros de la realeza europea. Durante las noches de verano, se celebran lujosas cenas, siempre organizadas en torno a una temática particular: hubo fiestas japonesas, fiestas dedicadas a los dioses Neptuno y Baco; en las llamadas noches africanas, el jardín de la casa se convertía en un selva, en la que no faltaban ni los gorilas.
En 1927 se emprendió una renovación total del edificio que lo transformó en un cabaret ambientado en el siglo XVII, con paredes cubiertas de cortinas rojas, muebles Luis XIII y temática dedicada a los mosqueteros. A pesar del cambio de nombre introducido por Beliankine, que buscaba alejarlo del misterio que acompañaba a la casa, en el pueblo tuvieron más fuerza las leyendas, por lo que el lugar continuó conociéndose como Villa Belza.
Toda esa intensa vida social en la casa se mantuvo hasta 1940, en el que el edificio fue requisado. Un nuevo cambio de propietarios, pasada la guerra, llevó a su restauración interior y a la división de la villa en 7 apartamentos. La relación entre los nuevos propietarios estuvo siempre protagonizada por las paleas, las denuncias y los pleitos, …, lo que llevó a una continua degradación de la casa, que entre 1950 y 1974 sufrió dos incendios. Afortunadamente a principios de lo noventa, un nuevo propietario parisino corrió al auxilio del edificio, y evitó que sufriera un deterioro definitivo. Desde 1997 la villa esta clasificada como monumento histórico por la municipalidad.
Gracias a su fuerza visual, el edificio ha servido de decorado en numerosas películas, catálogos de moda, anuncios, …, y hoy en día sigue siendo uno de los mejores fondos posibles en cuanto a lo que a fotografía de surf se refiere.

CÔTE DES BASQUES
MARBELLA • MILADY
COTE DES BASQUES
De las playas de Biarritz Eugenia de Montijo dijo: "El mar es muy frío, y se necesita mucha fortaleza para decidir entrar. Sin embargo, no me he perdido un solo baño desde que estoy aquí."
Considerado el lugar de nacimiento del surf europeo en la década de los 1950, la Côte des Basques es una pintoresca bahía de arena dorada con un fabuloso decorado de acantilados escarpados y espectacular vista sobre el golfo de Vizcaya y sus montañas, sin olvidar la hilera de cafés costeros.
Está situada a unos 15 minutos a pie desde el centro de la ciudad. El paseo marítimo rodea la península del norte de la playa y lleva al Port Vieux (Puerto Viejo) y al Rocher de la Vierge (Roca de la Virgen), pasando por La Villa Belza, que se alza desde un promontorio de roca.
No podemos hablar de la Côte des Basques sin hacer un pequeño paréntesis para mencionar la historia del surf:
En 1956, el actor y surfero Dick Zanuck, el guionista Peter Viertel y su esposa Deborah Kerr se encontraban en Biarritz para rodar la película “Fiesta”, basada en la famosa novela de Hemingway. Dick pidió que le enviaran una tabla de surf en avión desde California. Un día en el que Peter surfeaba con la tabla de Dick en Côte des Basques, la parte delantera se rompió. Georges Hennebutte, pionero en la utilización de estratificados propuso reparar la tabla. Estos fueron los comienzos del surf en Biarritz. Un par de años más tarde, empiezan a fabricarse las primeras tablas de surf en plástico made in France.
En 1959 nace el primer club de surf en Francia: el Waïkiki Surf-Club, creado por los protagonistas del momento, como Peter Viertel, Jacques Rott, Georges Hennebutte, Joël de Rosnay, entre otros. Se perfeccionan las tablas y se comienza a utilizar la espuma de poliuretano. También se inventa el “leash”, o correa, que ata el tobillo del surfero a la tabla.
Aparecen las primeras competiciones, nacionales e internacionales, y más tarde, en la década de los sesenta, el surf se democratiza, se crean escuelas de surf y aparecen las primeras tiendas surferas.
Sin duda a partir de los 80 y hasta hoy, el surf forma parte de la identidad y de la cultura local y para muchos, se convierte en un modo de vida.
En Côte des Basques, cuando la marea es baja, hay mucho espacio para caminar, practicar juegos de playa y sentarse a ver cómo rompen las olas encrespadas contra la orilla. Sin embargo, se debe tener en cuenta que con marea alta, las olas alcanzan la pared de la playa y cubren por completo la arena, por lo que es impracticable y el baño prohibido.
Se pueden observar a los surfistas realizar pruebas en el oleaje todo el año. La Côte des Basques es también un popular punto de surf para principiantes. En la playa hay varias escuelas de surf que ofrecen clases de grupo e individuales con instructores calificados.
En verano, es un lugar muy animado, entre el festival de surf y los espectáculos musicales en vivo.
Se aconseja visitar este lugar durante el atardecer, disfrutando de una bebida o tentempié en uno de los bares del bulevar.
Hay socorristas custodiando la playa entre los meses de junio y septiembre. Se accede a la playa desde el acantilado a través de una escalera de caracol. Un servicio gratuito de transporte en autobús conecta la playa con el Port Vieux y el centro de la ciudad.
PLAYAS MARBELLA Y MILADY
Desde aquí se pueden visitar las playas Marbella y Milady, que son continuación de la Côte des Basques.
Son playas escarpadas y pintorescas, en las que se puede escapar de las aglomeraciones de Biarritz en época estival. Merece la pena acercarse y relajarse disfrutando de un paisaje excepcional e increíbles oportunidades de surf.
Cuando la marea sea baja, se puede caminar entre la playa Marbella y la Côte des Basques. Cerca de allí se encuentra la Playa de Milady, que está separada de la playa Marbella por una escollera. Esta gran playa tiene un jardín costero, un lugar de juegos para los niños y mucho espacio de aparcamiento gratuito.Hay socorristas custodiando la playa de junio a agosto.

EL MERCADO Y EL MUSEO HISTÓRICO
Merece la pena visitar el pintoresco mercado de Biarritz y sus calles adyacentes, llenas de vida, sobre todo, en época estival.
Fue en 1847 cuando la municipalidad decidió el proyecto de crear un espacio de mercado para albergar en él carnicerías, charcuterías, pollerías, que hasta el momento se instalaban en la actual place Bellevue, antes llamada Place de la Foire.
La municipalidad Jaulerry aceptó los planos del arquitecto de Ozanne, de Mont de Marsan. Napoleón III participó económicamente en el proyecto y el 19 de abril 1885 quedó inaugurado el edificio. Las caseras, (paysannes) de Arbonne, Ahetze Bassussarry y Bidart venían a este lugar con leche, verduras, aves, que cargaban en sus burros. Más tarde se utilizaban carretillas (charettes) con caballos.
Posteriormente, en 1921, la municipalidad amplió el mercado añadiendo el edificio adyacente, destinado a la venta de pescados y mariscos. En 1949 las cristaleras (verrières) laterales fueron sustituidas por losetas de vidrio y soportes de hormigón (croisillons de béton).
La última remodelación data de 2013, proyecto realizado por el arquitecto Laforgue, que incluye una pasarela aérea que une ambos edificios y accesos adapatados para discapacitados.
A raíz de esta última remodelación, las carreteras colindantes se peatonalizaron creando así en espacio de encuentro muy destacado entre los biarrotas, con sus bares y restaurantes.
Pequeña curiosidad: durante las obras de construcción del mercado en 1884, se encontró un bloque mineral de ofita, que se trasladó en carro de bueyes a la pasarela de la Roca de la Virgen. Lo podemos observar aún hoy en día, se encuentra a la derecha, al principio de la pasarela.
Los puestos del mercado tienen un gran atractivo gastronómico: desde productos locales, hasta especialidades italianas, marroquíes, japonesas…Un auténtico espacio sensorial y visual lleno de vida, que sin duda, merece ser visitado.
Desde aquí podemos acercarnos al Museo Histórico de Biarritz, situado en la calle Broquedis, bocacalle del mercado. Merece la pena entrar y descubrir en la iglesia anglicana San Andrés, una colección inédita de 4000 piezas, desde objetos a obras de arte, pasando por múltiples curiosidades de diversas épocas de la ciudad. El museo permanece cerrado los lunes, domingos y días festivos.